16 y 17 de septiembre de 2017
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Fantasmas, ficciones, mutaciones

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Guardianes del dormir | XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Sintéticamente

Guardianes del dormir

por Mariana Li Fraini

Guardianes del dormir

Bajo la pregunta ¿qué es dormir?, Lacan aborda en una de las primeras clases de su seminario 21, el texto Los límites de la interpretabilidad, en el cual Freud ubica como función fundamental del sueño, evitar la interrupción del dormir. Interrupción que para Lacan se produce cuando el sueño alcanza el sentido sexual, "el sentido donde eso falla"[1], ese que, en tanto consiste en la relación sexual que no hay, "no se define sino por no poder escribirse"[2]. De lo real como imposible, envuelto, escondido en el sueño, es de donde proviene el límite que surge en el momento en que se cesa de soñar para que el dormir "quede al abrigo del goce"[3]. El despertar a la realidad que se anuncia en el sueño, cuando el sujeto se aproxima a ese punto de indecible, sólo es una huida del despertar ante lo real. Se cesa entonces de soñar para poder seguir durmiendo, ahora, al amparo del fantasma que dibuja la realidad en la vigilia. De este modo, sueño y fantasma funcionan como un tratamiento defensivo que vela y articula aquel real que opera como su límite. Si ambos se presentan como guardianes del dormir, será el despertar lo que oriente la estructura propia de la interpretación analítica, así como el horizonte de la experiencia. El atravesamiento del fantasma como doctrina del final del análisis, propone un despertar a lo real, ahí donde no hay relación entre el sujeto y el objeto.

Las consideraciones de Lacan respecto del sinthome como régimen de goce que perdura, aún vaciado del sentido fantasmático permiten, a partir ya no de una lógica de franqueamiento, considerar los arreglos posibles que puede tener el parlêtre con la satisfacción. Se tratará entonces no tanto del despertar a un real más allá, sino de una nueva alianza, de un saber hacer con el goce imposible de negativizar. Tal como dice Miller, ni hombre nuevo, ni nuevo nacimiento, ni tierra prometida, "hay simplemente un andar bastante mejor. Cuando este se instala, cuando dura, cuando les cuesta menos (…) pues bien, ya es suficiente" [4]

NOTAS

  1. Lacan, J.: Seminario 21, Inédito, Clase del 20 de noviembre de 1973
  2. Ibid
  3. Ibid
  4. Miller, J.-A.: Sutilezas analíticas, Paidós, pág. 180

Sintéticamente

Ahora que la oposición realidad - sueño se ha disuelto. ¿Qué?

por Luis Tuñón

Realidad, locura y ficción fueron tres pilares que organizaron la escena del mundo moderno: un mundo representado, donde cada quién era identificado como protagonista de su propia vida y de los grupos a los que pertenecía. A las representaciones más consolidadas se le llamó realidad. Al arte de crear otras representaciones posibles se le llamó ficción. Y locura, a las representaciones que no encajaban con el gobierno de todo el asunto. La verdad anudaba las tres como su garantía, a la vez que abría el campo de lo real y que aún no había sido representado. En esa organización el psicoanálisis introdujo otra realidad, a medias locura y a medias ficción, pero tan efectiva como la realidad misma, y a la que Freud le llamó realidad psíquica.

Pero eso es historia. La realidad fue reemplazada casi totalmente por los medios de comunicación que relevaron al fantasma de sus funciones creando símiles que operan del mismo modo. Aquí lo que hace de real es la primicia y el miedo inminente que resulta.

Lacan simplificó todo el asunto dividiéndolo en dos: la escena del Otro y el mundo donde se precipitaba lo real que el fantasma no podía contener en ninguno de sus dos polos (Seminario X. Pág. 43). Ese mundo separado de la escena quedaba bajo la advocación de una naturaleza que suscitaba el deseo o el temor. Pero tampoco queda ya naturaleza. Las catástrofes son parte de las noticias.

El discurso universitario ha tomado el comando de la escena del Otro mediante engramas interactivos. Los llamados nativos digitales no conocen otra cosa que esa remisión cerrada de un signo a otro. Sus cuerpos responden ahora a un régimen que nos resulta extraño, porque reaccionan a la imagen sin pasar por la verdad. Los psicoanalistas, acostumbrados a interpretar, considerábamos a la imagen como una trampa que obstaculizaba el fluir de la verdad hacia un espacio que la alojara. Y ya no lo hay. Lo que emerge de ese mundo lo hacemos entrar en el modelo de la psicosis.

En esta nueva escena, hecha de engramas protocolizados, nadie sabe qué hacer con ningún retorno, ni de lo reprimido, ni de lo real. Pero al psicoanálisis no le va mejor. Su oferta llega "naturalmente" a los que aún responden al discurso del amo (las burocracias asistenciales y judiciales todavía reclutan sus operadores en ellos) pero para los nativos es historia.

Puesto que esta nueva escena funciona alrededor de la imagen debemos volver a revisar sus formas. Y concebirla más cerca de un movimiento de apropiación en relación directa con un goce al que le da su forma (¿Qué habrá sido de la vieja pulsión de apoderamiento?) Se me ocurre que de ella emergen los fenómenos que podrían caber todavía en la forma del síntoma. Aunque en ellos no hubiera nada oculto que develar porque no hay ningún hiato entre imagen y goce. Por ese camino, en el que inventar y extraer las conclusiones, está la oportunidad del psicoanálisis.

XXVI Jornadas Anuales de la EOL

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