16 y 17 de septiembre de 2017
Hilton Hotel
Fantasmas, ficciones, mutaciones

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Fantasma y la realidad | XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Sintéticamente

Enlaces del sentido y la ficción

por Sabina Serniotti

Enlaces del sentido y la ficción

"Un Psicoanálisis es sin duda una experiencia que consiste en construir una ficción, pero al mismo tiempo, o a continuación, es una experiencia que consiste en deshacer esta ficción" (1, Miller J. A. Sutilezas Analiticas, pág. 135)

En esta ocasión me interesa abordar la temática que proponen las Jornadas por la vía de investigar de qué modo el fantasma articula el goce con el deseo a través de la ficción, retomando el planteo de Lacan en el Seminario V, donde hace existir al Otro como ficción necesaria. Entonces el fantasma, es una respuesta ante la pregunta por el deseo del Otro y es también un modo de acceso a una satisfacción para el sujeto.

En la época de la caída del orden simbólico ¿de qué modo, la ficción hecha de imaginario y simbólico, se opone a lo real?
La construcción del fantasma es lo que hace posible una localización para el goce en un sujeto. De allí, el objeto a en el fantasma funciona como un objeto que tiene las características de la fijeza, de ser siempre igual, acorde al automatismo de repetición.

En los fenómenos subjetivos que aborda la clínica actual, ¿como podemos pensar los fantasmas y su relación con las ficciones?

El termino estrago, que califica al goce femenino, por su carácter ilimitado y deslocalizado respecto al falo, en sintonía con el modo en que se presenta el objeto a en nuestra época, ¿este objeto pluralizado, de qué nos habla?

En el grafo del deseo, el sentido del síntoma ya se conecta al fantasma y entonces me pregunto ¿cuál es la incidencia que tiene el fantasma en el significado de la letra y bajo qué modalidad se presenta esta conexión en los llamados síntomas contemporáneos? Con el término goce- sentido o sentido gozado se escribe el equívoco en la relación del efecto de significado y la producción de goce.

Más adelante en la enseñanza de Lacan, cuando va planteando de qué modo se produce la implicación del goce en el síntoma, nos plantea esta conjunción, disyunción entre la estructura significante y la escritura del goce.

Reflexiones que darán lugar en su Seminario R.S.I. al término sinthome como ese compuesto de síntoma y fantasma y a las llamadas mutaciones del goce.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

  • Lacan J. El Seminario Libro 5 Las Formaciones del Inconsciente. Edit. Paidós. Bs. As
  • Lacan J. El Seminario Libro 20 Aun, Edit. Paidós. Bs. As. 1991.
  • Miller, J.A., Los signos del goce. Edit. Paidós. Bs. As. 1998
  • Miller J. A, Sutilezas Analíticas, Edit. Paidós, Bs. As, 2012
  • Miller, J.A. El Partenaire- síntoma. Edit. Paidós. Bs. As. 2016.

Sintéticamente

Fantasma y la realidad

por Jorge Malachevsky

Parecería demasiado pretencioso asimilar todo soporte de lo que llamamos "realidad" al fantasma. Sin embargo, no se puede negar que en su vacilación la realidad tambalea, y que en su realización se somete a su voluntad de goce. Más usual es admitir que los fantasmas insisten en configurar ciertos dominios de la realidad como preciosos u ominosos – lo que nada dice sobre cómo, en cada caso, esos dominios se camuflan y disimulan o contrastan con aquella otra porción de realidad más bien común y compartida. El fantasma, que es un lazo a lo real, estará así a gusto o a contrapelo de esa realidad – objetiva, ideológica, ficcional –enlazada a los discursos.

Llevada al campo escópico, la operación del fantasma sobre la realidad consistirá en efectuar una intrusión de la mirada en el cuadro. Con las imágenes que en ese cuadro encuentra o deposita, arma ardides al deseo (lo reconoce por medio de esas imágenes, lo enciende a través de ellas, lo mantiene insatisfecho). O imperativamente, empuja hacia una saciedad visual dejando abolida la condición deseante. Como si respondiera a un algoritmo cuyo rango de resolución oscilara entre dos límites: "puro goce sin deseo alguno" y "puro deseo sin nunca gozar demasiado de nada".

Pese a cuadrar la realidad, el fantasma no aparece en el cuadro. No es posible contemplar a la vez la imagen y el lugar desde donde con él se mira. Enlazado al narcisismo, desde un lugar de desconocimiento, egoreifica la realidad. Como fantasma fundamental también la torsiona desde un punto de perspectiva –a veces construido en un análisis –formulado: $ ◊ a. Multiplica reiterados espectáculos y escenas en el cuadro, que responden a un pequeño guión donde la falta en ser ($) se enlaza o desenlaza (◊) a un goce esencial destilado del deseo del Otro (a). La realidad atrapada en esos dominios (muy especialmente alrededor del propio cuerpo o del cuerpo del semejante) sólo vale por la apariencia que figura. El fantasma es así la maquinaria escópica íntima de los semblantes.

Ahora, podríamos preguntar ¿Qué es primero el destino o el accidente? El destino: Una íntima escena que se proyecta o busca encontrase reflejada en el espectáculo del mundo. El accidente: algo aparecido allí afuera a la ligera que despierta una escena dormida. Sabemos que la irrupción de lo real produce una vacilación -hay espectáculos insoportables. Pero también, que la realidad como ilusión colectiva enciende la mecha, despliega su aroma. Si antes la mecha del deseo se encendía en el fondo del fantasma, ahora decimos que el deseo es confundido por las imágenes que la realidad ostenta; o, a causa de ellas, el amor y el odio se disparan o sofocan. Se dice que los fantasmas hoy encuentran modos de concreción, o sea, que hay una realidad que esta más dispuesta a convocarlos para ser complacidos –se dice o al menos, eso es lo que la realidad aparenta. Complacer a los fantasmas no es una cuestión sencilla, pues el menú debe incluir versiones sofisticadas de todos los placeres y tormentos del cielo, el purgatorio y el infierno, enunciados según cualquiera de los tres tiempos verbales de la pulsión. Sin embargo, esa complacencia es problemática, no sólo porque la realidad desilusiona - acostumbra mentir y fallar a sus promesas, sino porque cumpliéndolas a rajatabla o incumpliéndolas brutalmente, siempre termina apagando definitivamente cualquier deseo.

Vacilación, realización, construcción o atravesamiento son así algunos de los momentos del fantasma en los que se dirime la balanza de la realidad con la que cuenta un sujeto. Me pregunto: ¿Qué puede haber sido tan elocuente hoy en nuestra realidad cotidiana que la figura del enemigo nos han eclipsado?

XXVI Jornadas Anuales de la EOL

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