16 y 17 de septiembre de 2017
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Vacilación– Realización del fantasma | XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Lecturas | Textos de Orientación

Noche preparatoria de las Jornadas Anuales de la EOL
Vacilación– Realización del fantasma

por Juan Carlos Indart

Agradezco mucho a Patricio Alvarez, Debora Nitzcaner y Gaby Camaly esta invitación para charlar un poco sobre un tema dado: Realización y vacilación del fantasma. Debo decir que el tema sólo me ha traído recuerdos, porque no es precisamente en lo que estoy desde hace varios años. He tratado, pues, de recordar, y es una advertencia, porque los recuerdos nos traen tantas verdades como mentiras. No sé cuánto tiempo voy a hablar, pero cuando me interrumpa el coordinador pido dos minutos para decir lo que quisiera decirles a las Jornadas.

 

Vacilación

Para los que comenzamos a leer Lacan en la década del ´70, esta cuestión del fantasma era de una dificultad casi insuperable. Buena parte de la misma era el horrible galicismo que se introdujo con la traducción, y por el que protesté en la época muchas veces. Fue una batalla perdida, y así ha quedado el término 'fantasma' para decir simplemente 'fantasía', término de Freud que conocíamos perfectamente y que era mucho más cómodo en su funcionamiento en castellano.

Eso complicó la cosa, porque si digo "realización de la fantasía" o "vacilación de la fantasía", en nuestra lengua materna, eso les va a resonar en el cuerpo. Pero si digo "vacilación del fantasma" o "realización del fantasma", es como decir "realización o vacilación de raíz cuadrada de menos uno", algo que esperarán que les expliquen sin poner mucho de ustedes.

Pero la gran dificultad, por cierto, era que Lacan conjeturaba que las fantasías tenían una estructura, y la puntuaba con un matema del que proponía escritura. Eso nos apasionó hasta enloquecer, porque era la época del estructuralismo, y Lévi-Strauss había avanzado en la idea de que los mitos, o sea una colección de fantasías sociales variadísimas, tenían una estructura. En el caso de Lacan, con la parte de $ barrado, andábamos bastante bien. Algo entendíamos, aunque íbamos lentamente con La instancia de la letra, el significante, el sujeto, la metonimia, la metáfora…; pero la articulación de eso con una cosa que se llamaba objeto a, eso ya era extremadamente difícil. En el ´80, cuando se produce nuestro encuentro con los colegas franceses, Jacques-Alain Miller y los demás, pudimos empezar a ubicarnos respecto de gente que sostenía una clínica con mayor entendimiento de la enseñanza de Lacan. Y recuerdo el peso, a partir del año ´80, del decir de Miller: no hay sólo el Lacan del significante, hay el del objeto a. Eso precipitó un interés por la noción de fantasma, casi diría, absoluto. Hasta tal punto que por años y años, en nuestra práctica, si venía alguien con su síntoma, hacíamos algo un poco a lo Freud, al que habíamos retornado gracias a Lacan, pero el asunto era ir al fantasma. Tengan en cuenta el peso que tenía considerar que era ahí donde Lacan había verificado que todas las fantasías se precisaban en una fundamental, y que era ahí donde había una experiencia analítica posible que él había llamado 'atravesamiento', lo que determinaba un fin de análisis. O sea que la noción inicial conectada con la de fantasma o fantasía, crucial para nosotros, fue estrictamente la de 'atravesamiento'. Como una quimera, como un ideal, como un sueño, como un acontecimiento, como lo que quieran, pero era lo que había que verificar como final del análisis.

Luego en la clínica, con los casos que presentaban los colegas, y con lo que nos pasaba a nosotros mismos en la práctica, muy rápidamente se empezó a localizar el hecho de que había cosas muy parecidas a lo que se llamaba 'atravesamiento del fantasma' pero que no tenían nada que ver con el fin de análisis. Empezamos a hablar de atravesamientos 'salvajes'. Los resultados eran de angustia, con virajes al pasaje al acto o al acting out. Y se trabajó y se elaboró cuál era la diferencia entre eso y el atravesamiento del fantasma del fin de análisis. No sabíamos mucho.

Al fin se pensó que en un fin de análisis hay una ganancia de saber, y si no la hay, si sólo hay angustia, empujes a dejarse caer, o a pedir un análisis aún en otro país, entonces no había sido propiamente un atravesamiento del fantasma. Y fue así, al calor de nuestras discusiones clínicas, que apareció el término vacilación. No tenía ninguna fuerza conceptual; sólo trataba de indicar que había experiencias en la vida cotidiana, o a veces en un análisis, que producían un fuerte sacudimiento de ciertas coordenadas fundamentales de la realidad del sujeto, con un correlato de angustia, etc. Lo que hoy llamaríamos, de un modo aún más general, una 'perturbación de su defensa', y que había que diferenciar del modo en que lo efectiviza el análisis. Es un debate hoy en día, saber por qué el analista traumatiza de un modo diferente a lo que sucede con los traumas de la vida cotidiana. Entonces, usábamos el término vacilación del fantasma en ese sentido puramente descriptivo, y lo usábamos bastante porque al mismo tiempo, dato interesante, cada vez venían más pedidos de análisis por un ataque de angustia, y no por el síntoma. Creo que esta tendencia sigue hasta hoy en día. De modo que nos servía mucho averiguar, en entrevistas preliminares, todo lo posible sobre qué suceso había producido un sacudón así en un sujeto, y que llamábamos 'vacilación de su fantasma'. Por supuesto se trataba de calmar la angustia, ver si se podía iniciar un análisis, pero nos daba un dato muy importante ya, un cierto dato acerca de dónde podía estar el fantasma fundamental, exactamente eso que había vacilado hasta hacer sentir la falta plena de recursos de parte del sujeto, y hacerlo pedir un análisis.

Así que el predominio de la noción de fantasma en nuestra formación fue enorme, y fue mínimo el del síntoma, casi nada, era secundario. El gran tema, y los logros del final de análisis y los testimonios de los AE, fueron fundamentalmente el atravesamiento del fantasma. Esto estaba absolutamente vinculado a una referencia al Nombre del padre y su clínica. Nuestro interés por la vacilación del fantasma y por el atravesamiento del fantasma no era dejar a la gente sin fantasma, sino liberar al neurótico del empleo del fantasma para defenderse de que no hay Otro. Nos lo enseñó Lacan y nos dijo que al neurótico el fantasma no le sirve prácticamente para nada en términos pulsionales, como satisfacción de goce, pero le sirve para negar la castración del Otro. Es en ese sentido que la 'vacilación' del fantasma era un dato muy importante, que había que saber manejar, que iba en la línea de lo que se espera de un análisis para ir mas allá de la defensa que es fabricarse un Otro del Otro.

La perversión tenía un matiz un poco distinto, pero en el fondo no tanto. Era igualmente tributaria del Nombre del Padre, con una manera diferente de fabricar al Otro, con un fantasma que le sirve absolutamente para su satisfacción, a nivel del fetiche. Pocas cosas más patéticas que el dolor de un perverso al que le vacila el fantasma, es decir, el fetiche. Suele ser un límite.

Y por supuesto que sosteníamos que el fantasma no vacilaba en la psicosis, ni se atravesaba, porque no estaba constituido. La clínica de las psicosis quedaba aparte.

Ese fue nuestro uso de vacilación del fantasma, clínico, descriptivo, y de interés, porque el fin de análisis estaba pensado estrictamente para neuróticos, en una especie de vacilación razonada, analítica, del fantasma, con un logro respecto de su papel en la creencia en el Otro del Otro.

 

Realización

'Realización del fantasma' es una expresión que, creo, no tuvo ni tanta precisión ni tanto empleo como el de 'vacilación'. Ocurre que como la palabra 'real' está en 'realización', provoca inmediatamente tal grado de declinación de posibilidades en la obra de Lacan que no se sabría qué quiere decir. Eso pasaría con 'realización' si piensan en real. Pero en el uso, por lo menos el que yo a veces le he dado, 'realización' no va más allá de lo real que se esconde en la 'realidad', y por eso la cuestión de la realización del fantasma está sumamente emparentada con la vacilación. Esa paradoja que el psicoanálisis desde Freud señaló muy bien ya en Los que fracasan al triunfar. Es toda una diferenciación que hay que hacer para el fantasma mismo. Lacan enseña que la realidad es fantasía, pero está la fantasía como duermevela, subjetiva, por decir así, y la fantasía objetivada en la realidad. Pasar el fantasma a la realidad tiene sus precios. No quiere decir que el resultado sea lo real, y la nueva realidad es fantasma, pero hay un paso de la fantasía desiderativa a la fantasía realizada. Yo exploraría eso con la noción aparentemente adecuada de Wirklichkeit, la realidad efectiva en Hegel, que es un término que usó Lacan y que Miller usa mucho. La tradición que tenemos desde Freud es que cuando hay un paso de la fantasía a su realización algo pasa. Pasa que ya no es lo que se creía. Por un momento caen las máscaras, y así podemos ir desde el desencanto hasta la depresión cuando por fin algo se realiza, y hasta Casanova, del que se dice que engañaba con la fantasía de que hacía llover, y un día hizo la pantomima y llovió realmente. Estuvo un tiempo mal y perplejo hasta recuperarse. Siempre pasa algo en el paso de la 'realización de la fantasía'.

Qué ejemplo puedo dar... es difícil leer Lacan y Miller sin entrar en la fantasía de cómo sería la eficacia del psicoanálisis en el malestar de la cultura según su política. Pues bien, en cuanto la fantasía empieza a realizarse, a pasar a la realidad efectiva, escándalo y desencanto, caen las máscaras, ya no es lo mismo.

Así que tuvo siempre ese clima paradojal para el psicoanálisis la realización de la fantasía. Si vamos a la estructura del fantasma podríamos tal vez darle un vuelo teórico a la realización del fantasma como realización de su estructura. Si el $ recorre el vector superior del rombo y llega hasta el objeto a hay vacilación, con riesgo de identificación al objeto, de pasaje al acto, acting out, depresión y queja, pero si llega a dar la vuelta, si se realiza su estructura con el recorrido de retorno del vector inferior, hay lo que Lacan enseña sobre la causa de la división del sujeto por el objeto y la caída del Otro del Otro.

De eso derivó toda una doctrina del final de análisis…que es insuficiente… y que hay que superar. Hay que ir más allá y así lo hizo Lacan. Observen lo que traen mis recuerdos como ideas de la época en cuanto a la noción de estructura. La estructura del fantasma está enteramente hecha en términos simbólicos-reales. Hay el sujeto como efecto del significante y hay el objeto a como una pizca de real producto del significante, del efecto de lalangue sobre un cuerpo, y al nivel de zonas erógenas solamente, fuera de cuerpo. Todos los atravesamientos del fantasma testimoniaron de lo real de una pulsión escópica o invocante, etc., pero pronto el 'sentido común' en nuestra comunidad declaró que vivir la pulsión no podía ser vivirla sin fantasma. Se retornaba al fantasma… de un modo diferente…a elaborar. Esos síntomas de nuestra comunidad que llamo de 'sentido común' son los que van trasladando la denuncia de aquello de que se trata, el exceso en los puntos en que la doctrina se hace dogma. Y había un tema no pensado ahí, a partir de cierta ferocidad -por así decir- científica, la de querer abordar lo real sólo con el Uno del significante. Es un tema que fue muy intenso en Lacan hasta el Seminario 19 inclusive, y en Miller al menos hasta su curso sobre 'El ser y el uno'. Pero en todo esto uno descuidaba que el fantasma necesita imaginario, y que si este imaginario se suprime lo que se realiza es la pulsión de muerte como tal. Si hay una ganancia de saber en el brevísimo atravesamiento del fantasma debería ser la de cómo puede retornarse a lo imaginario con más goce en el cuerpo.

 

Consecuencias

Por eso creo que tenemos que ir a la pregunta: ¿qué es lo que sostiene el imaginario del fantasma ya que el goce pulsional que lo habita lo destruye? No idealicemos más la pulsión. Es un goce fuera de cuerpo, fundamental para crear nuestro inmundo mundo y sus objetos, pero si lo dejamos sólo, es la destrucción de la vida. Ya lo dijo Freud y en esa dirección, si sólo ahí hay real, no hay salida. Entonces, ¿qué puede sostener y anudar lo imaginario? Que haya goce en lo imaginario y fuera del alcance del Uno. Eso es lo que yo quisiera puntuar para las Jornadas, esa escisión. Me parece secundario discutir si ontológicamente hay un solo goce u ontológicamente hay varios. Lo importante es que no hay ser parlante que no esté dividido en dos al respecto. El que está entre imaginario y real y el que está entre simbólico y real. El pulsional es solamente relación simbólico-real, y Lacan anuncia eso con una claridad total a partir de su referencia al nudo. Y entonces, fíjense cómo la noción de fantasma, el piso de arriba del grafo, absorbió toda la temática, hasta el punto que decimos "le vaciló el fantasma" en equivalencia a decir que "le vaciló el Ideal". Aun en el grafo, son dos letras distintas, y el Ideal del yo está organizando un proceso imaginario abajo, que fue muy despreciado por la ferocidad científica a la que me refería, pero que no hay que reducir al fantasma. El fantasma es un armado sí, del mundo objetal de base pulsional, y se conocieron las pulsiones gracias al fantasma. Pero no hay que confundir fantasma con ideal, y cuando se dice que todo ideal tiene precio y es comprable ya tienen el modo de presentación de la pulsión de muerte y la imposibilidad de la venta del deseo del analista como tal.

Hoy en día, pues, me parece fundamental ubicar este aspecto del goce en el cuerpo, y las aventuras que tendrá en un proceso donde, por un lado, se derrumba la gente cada vez con menos posibilidades de tener un goce en el cuerpo, mientras se le ofrece, hasta la locura, el goce pulsional por el otro. Es decir que el nudo se está tensionado más de un lado que del otro, y que las soluciones por ideales ya existentes caducan.

¿Qué puede resolver, en vez del ideal, algo que anude el imaginario al goce? El síntoma dice Lacan; pero no el que nosotros pensábamos, el freudiano, el síntoma sólo como goce fálico, sino el síntoma como posibilidad de anudar otro goce. Ese es el desafío del tema, a partir de La tercera y lo que sigue. Si podemos llegar a verificar eso, que el síntoma anuda, entonces no es enteramente goce fálico. Es verdad que cualquier experiencia de goce que mencionemos, en cuanto hablamos y damos sentido, se liga al objeto a en su vertiente goce fálico. En ese sentido, ustedes, al narcisismo, lo pueden reducir siempre a voyeurismo y exhibicionismo. Pero no es lo mismo. No hay que reducir lo que Freud llamó narcisismo, un goce en el cuerpo, o lo que Lacan llama SKbeau, a voyeurismo y exhibicionismo. La mirada siempre lo puede atrapar, porque es un nudo, tiene razón Lacan, y esa es la parte que irá a lo contable, sacaremos fotos y cobraremos por eso, pero el problema del goce en el cuerpo es otro, y Lacan lo ha ligado al síntoma, a la noción de síntoma, de manera inédita.

Reconsiderar el goce en el cuerpo es lo que quisiera dejar sugerido en los dos últimos minutos del tema del recorrido sobre vacilación y realización del fantasma. Hay que realizar fantasías psicoanalíticas, hay que tratar de llevarlas a la realidad efectiva, pero anudando siempre lo imaginario y su belleza. ¿Cómo hacerlo sin ideal? Porque para hacerlo hay que tener un cuerpo, no solamente pulsiones. Entonces, muy bien: hagamos síntoma como psicoanalistas.

Desgrabación: Daniela Detta
Establecimiento: Paula Szabo y Patricio Alvarez
Texto revisado por el autor
XXVI Jornadas Anuales de la EOL

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