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Política del Sinthome | XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Lecturas | Textos de Orientación

Política del Sinthome

por Guillermo Belaga

En la propia experiencia del final de análisis, en la hystorización que se hace del recorrido analítico, como pasante, como AE, y más tarde como miembro de un cartel del pase, he podido verificar que en el psicoanálisis existe una política que orienta y permite decidir.

Esta experiencia analítica, contempla en su horizonte el sin sentido y el saber, propio de una orientación a lo real. Deviene la única herramienta con que cuenta el sujeto, es una invención, es la brújula con la que se evalúa. En definitiva, la política que interesa es la política que el sujeto tiene a partir de su síntoma.

Al definirlo así, se podría distinguir que política y síntoma no serán lo mismo al inicio que al final. En la entrada, el sufrimiento sintomático deja al sujeto atrapado en una política -en singular- de la verdad. Como lo enseña la histeria, y lo muestra Freud al describir la "proton pseudos", no se tiene mucha libertad con respecto al semblante. En estas circunstancias, la relación de la verdad con el goce puede obstaculizar la cura, es un nivel donde se goza de la impotencia. Entonces, en principio, tenemos una política del síntoma, donde -como dice Lacan- encontramos los "casos de verdad", aquellos donde los analizantes padecen de un real embrollado en lo verdadero.

Por otro lado, hacia el final, Lacan subraya que había que "abrirse a la dimensión de la verdad como variable"[1]. Es lo que llamará varité, teniendo en cuenta la existencia de un decir como "resto", un real que excluye el sentido. Es ante este límite, que sitúa al síntoma como el único que conserva un sentido en lo real. Definición que abre otra perspectiva, permite pensar en un uno por uno, es decir en políticas del sinthoma. La invención de estilos de vida vinculados a modos de gozar.

En su pase -como lo ha definido J.A. Miller[2]-, Lacan ha fijado una política cuando dice que es: "la fidelidad a la envoltura formal del síntoma, (...) la verdadera huella clínica a la que tomábamos gusto, (que) nos llevó a ese límite en que se invierte en efectos de creación"[3]. De la frase surge la indicación a estudiar esta huella del síntoma, del sufrimiento a la creación, para explorar el trayecto analítico y la política del sujeto.

En la "Conferencia 23", Freud no reúne estos polos, sino que finaliza situando dos caminos posibles, y opuestos para la libido: o el síntoma o la sublimación[4]. Así la obra de arte, sería otro modo de la satisfacción pulsional, un síntoma artificial.

Tenemos que estas direcciones presentan matices fundamentales, mientras que la sintomatización de la libido guarda un conflicto, un compromiso entre fuerzas opuestas, un sufrimiento. Del lado de la obra de arte -para Freud- aparece un artificio sin conflicto. Es lo que subrayará Lacan al referirse a Joyce, la de un síntoma sin conflicto, privilegiando lo real de la satisfacción.

Al respecto, en conexión con esto, Lacan mantuvo una distancia radical frente a la posición freudiana. Durante sus "Conferencias en las Universidades Norteamericanas" (1975) afirmará que: "Explicar el arte por el inconsciente es muy sospechoso (...) sin embargo explicar el arte por el síntoma es más serio"[5]. Así, critica el método de interpretar el arte por el sentido, "lo que supondría igualar la obra a una formación del inconsciente". Estos dichos de Lacan, se desprenden del cambio conceptual que imprime a su enseñanza, en el cual el lenguaje y su estructura en tanto articulación S1 → S2 -como definición del inconsciente- pasan de ser tratados inicialmente como un dato primario, a aparecer como secundarios y derivados. Será, el concepto de no relación lo que funda esta nueva etapa, partiendo entonces de tres disyunciones: no-relación entre el hombre y la mujer ("no hay relación sexual"), no-relación entre el significante y el significado (y la referencia está fuera del alcance), no-relación entre el goce (del cuerpo propio) y el Otro. Por lo tanto la estructura comportará agujeros, que sólo la práctica irá a colmar, ya sea por rutina, encuentro, o invención6.

Ahora, en lo que respecta al objeto de arte y la política, Walter Benjamin anticipa este problema al pensar la coyuntura estética en la época de la Técnica. En su obra surgen dos productos diferenciados: la "estetización de la política" y la "politización del arte". Es decir, la disolución de la política en la estética, y /o la disolución de la estética en la política[7].

Desde esta perspectiva, podemos también trazar otro recorrido que va del sufrimiento donde predomina lo imaginario, donde el sujeto se reconoce en la imagen de su cuerpo y el síntoma es un "cuerpo extraño" en el yo. A otro régimen, que Lacan denomina "acontecimiento de cuerpo", donde se soporta ser "síntoma de otro cuerpo". En este final, como se puede aprender de un sueño relatado por Ana Lúcia Luttenbach Holck en su testimonio, el síntoma, está separado de la imagen del cuerpo -de una nominación imaginaria-, ya no tiene vocación de ser individual *.

Entonces, el sinthome será la invención particular del sujeto para darse su propio modo de relación al sexo, y por lo tanto abierto a la variación y a la contingencia. Reformulando la frase de 1966, este artificio del final reúne la siguiente característica: lo hace el sujeto bajo la forma del síntoma, es decir que persiste el elemento formal significante, pero constituyéndose, como describe Miller, en una estetización del síntoma[8].

Por lo tanto, volviendo sobre lo dicho por Benjamin, la apuesta ética/estética del psicoanálisis, podría ser una política del síntoma que encarna el encuentro de una narración, de un estilo de vida, donde se inventa una relación con los otros –según los límites del fantasma particular-, inscripta en lo real.

Volviendo sobre el tema de la "verdad variable" (varité), en 1977 Lacan define que el analizante dice lo que cree que es verdadero, porque su verdad no la conoce ya que no la puede decir.

Así, a partir de que "lo real excluye el sentido", la articulación significante (S1 → S2), aprês-coup, sitúa un camino variable de la verdad, que implica un estatuto simbólico del síntoma. Para ser más precisos, verdad, sentido y semblante quedarán enmarcados en lo que formula como imaginariamente simbólico, es decir, lo que corresponde a la inclusión de lo simbólico en lo imaginario.

A su vez, Lacan al presentar que lo simbólico choca con la imposibilidad de alcanzar lo real, sitúa dos modos de resolver este impasse que lo real impone: lo simbólicamente real, y en especial para este trabajo, lo realmente simbólico, lo simbólico incluido en lo real. A lo que se equipara la mentira.

Esto establece que en el interior del discurso analítico, verdad y mentira, son dos modos distintos de inclusión de lo simbólico, en relación a lo imaginario y a lo real, respectivamente[9]. La primera carga con el sentido, la segunda es mentira cuando lo real está totalmente separado del sentido.

Asimismo, el síntoma será planteado como realmente simbólico, es decir más cercano a la mentira, lo que implica que lo que el analizante alcanza a decir es "la varidad del síntoma", ya que siempre quedará un "resto" indecible, que no cesa de escribirse.

Entonces, en este caso, se distingue que dicha "varidad" se establece a partir de un S1 usado con fines de goce, y ya no de un S1 que intenta su conexión a un S2, que busca el desciframiento.

Hallamos aquí, que este S1 que se extrae del inconsciente se constituye en litoral/literal con respecto a lo real[10]. De esta manera, el artificio del final, el sinthome, deviene de transformar los S1 en multiplicidades más equívocas -la llamada "envoltura formal"- hasta producir un S1 que sostenga y oriente a cada uno en las cosas del sexo, en lo particular del modo de gozar.

Así, el elemento significante del síntoma queda reducido a la categoría de letra, desligado del sentido. Es este nudo del síntoma, lo que se descubre en un análisis, como una letra que se repite en lo real.

Aquí ya la verdad no se habla, ni se grita, se escribe.

En conclusión, cuando se alcanza este nivel de invención, se trata de "saber hacer" con aquello de lo que uno no puede desembarazarse, con lo más real de cada uno.

Ahora, ¿esto salva de la irrupción de lo real traumático? Desde luego que no, siempre se puede volver a ser un "caso de verdad". Hallarse en "los embrollos de lo verdadero" donde se encuentra lo real.

Pero, ya no será lo mismo si el sujeto analizante ha sabido "arreglárselas con" el borde que traza la letra, con su inscripción entre efecto de sens-blant y real. El sujeto sabe, sabrá tener una política sinthomatica para hacer con lo que a-cosa.

Obra: Guillermo Belaga, Sin título, 2012, Técnica mixta s/papel.

NOTAS

* Lutterbach Holck, A.: Relato- En "Variaciones de la cura analítica, hoy: la relación entre el efecto terapéutico y su más allá"-1ª ed.- Buenos Aires: Grama Ediciones, 2008 pp. 121 -131.

  1. Lacan, J.: El seminario. Hacia un significante nuevo (1977), en Colofón 25, Granada, 2005.
  2. Miller, J.A.: Seminario El deseo de Lacan, Atuel ed., Bs.As., 1997.
  3. Lacan, J.: De nuestros antecedentes (1966), Escritos I- Siglo veintiuno ed., Bs.As. 1985.
  4. Freud, S.: Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntoma (1917) Vol. 16.
  5. Lacan; J.: Conferencias en las Universidades Norteamericanas (1975), inédito.
  6. Miller, J.A.: Los seis paradigmas del goce, en El lenguaje, aparato del goce, Colección Diva, Bs.As., 2000.
  7. Benjamin, W.: La obra de arte en la era de su reproducibilidad técnica- En "Estética y política"-1ª ed.- Buenos Aires : Las Cuarenta, 2009 pp. 83-133.
  8. Miller, J.A.: El ruiseñor de Lacan, en Del Edipo a la sexuación, Ed.Paidós, Bs. As., 2001.
  9. Larriera, S y otros: La lógica de lo verdadero y lo falso en Freud y Lacan, en Pliegos Nº4, Madrid, 1994.
  10. Laurent, E.: La carta robada y el vuelo sobre la letra, en Síntoma y Nominación- 1ª Ed.- Colección Diva, Bs. As., 2002.
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