16 y 17 de septiembre de 2017
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Fantasmas, ficciones, mutaciones

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Fantasma y Sexuación | XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Lecturas | Textos de Orientación

Segunda Noche preparatoria de las Jornadas Anuales de la EOL
Fantasma y Sexuación

por Florencia Dassen

Buenas noches, muchas gracias a la Dirección de las Jornadas por esta invitación. Voy a hacer un brevísimo recorrido sobre esta problemática y pensé que una buena pregunta sería semejante a la que recién se hacía Jorge Chamorro: ¿cuál es la utilidad de poder diferenciar la función del fantasma en hombres y mujeres?

Hay una temprana escritura del deseo masculino y del de una mujer en Lacan que está en el Informe sobre Daniel Lagache de 1960, -Miller se ocupa de ella en De mujeres y semblantes-: la fórmula del deseo en el hombre es Φ (a), y del lado femenino es A/ (ϕ), o sea la función del falo imaginario. Esto guarda su relación con lo que Lacan desarrollará luego con la logificación de los cuantificadores en relación a la función fálica en Aún, pero ya en este texto anticipa la incidencia de ese Otro barrado en la relación al deseo en la mujer, que no está del lado masculino. Del lado masculino lo que hay es algo que tiene que ver con dos funciones fundamentales del objeto a, que son el objeto causa del deseo y el objeto plus de gozar. Podemos agregar la condición famosa y tan conocida, que Eric Laurent dice que se presenta con cierta extrañeza, la condición del fetiche -es cierto que hablamos de cosas como si fueran simples y son bastante extrañas-: la condición fetichista como recorte perverso del objeto en relación al deseo masculino, que es eso a lo que una mujer viene a poder dar cuerpo en relación a esa condición de goce, en relación a la causa de deseo para un hombre. Una mujer encarna el fetiche de otro cuerpo.

Todo eso es dicho así efectivamente, como si funcionara tan bien, sobre todo en estas épocas donde lo que prima no es el cortejo de los hombres y la distinción de la mascarada femenina, a la que voy a tratar de darle todo su valor porque se lo da Lacan.

El Seminario 18, De un discurso que no fuera del semblante, se ocupa de la categoría del semblante como semblante de nada, de lo que no podría tomar forma: esa es la categoría del semblante, que recupera la idea de que hay algo que no va a tener representación jamás en el lenguaje. Eso mismo es el falo, eso mismo es también algo de la función del objeto, del que podemos tener distintas formas de representación de imágenes para cada uno, pero en rigor, eso no tiene representación en el lenguaje como tal: no hay inscripción en el lenguaje de la significación sexual, el referente está perdido. Esto produce que haya una relación al falo como semblante, respecto de la cual hay que posicionarse en la famosa dialéctica del ser y del tener. Esto Lacan lo trabajaba como lógica atributiva en relación al falo –no es la lógica de los cuantificadores de Aún-, en el año 58, pero aquí les estoy hablando del año 72, De un discurso que no fuera del semblante, con la expectativa de que haya algo, en relación a esta cuestión de hombre y mujer, que vaya mas allá del semblante -por supuesto va a significar lo que no puede no pasar por el complejo de castración tanto para él como para ella-. Lacan dice allí algo que me interesa especialmente: ¨el mundo que hay entre la sexualidad y lo que Freud denuncia sobre las relaciones que el inconsciente revela, para los hombres la muchacha es el falo y es lo que los castra, para las mujeres el muchacho es la misma cosa, el falo, y esto es lo que las castra también porque ellas solo consiguen un pene y que es fallido.¨ Y agrega: ¨para el hombre en esta relación la mujer es precisamente la hora de la verdad¨. ¿Qué es la hora de la verdad? la función de la verdad se sostiene del semblante y se supone que hay algo de esto que es un obstáculo para el varón. Soportar poder lograr que el falo devenga un semblante y por eso mismo poder hacer mejor uso de él. Se supone que para una mujer esto es más sencillo, que ella está advertida que los fetiches con los que engaña para causar el deseo del hombre y él se deja engañar,son semblante, los capta como tales. Es a esa coalescencia del goce, entre el falo y el semblante a lo que Lacan llama la prueba que un hombre tiene que pasar a la hora de encontrarse con una mujer, esa prueba tiene que pasarla en el orden del deseo.

Para ella es completamente otra cosa, ella es Otro con mayúscula, lo antagónico del goce y del semblante, porque ella presentifica eso que sabe, que goce y semblante si se equiparan en una dimensión de discurso no se distinguen menos en la prueba que la mujer representa para el hombre, prueba de la verdad, simplemente la única que puede dar su lugar al semblante como tal. Todo lo que se nos enunció como el resorte del inconsciente, no representa mas que el horror de esta verdad. Y ahí agrega algo que a mi me gusta mucho, que es uno de los momentos donde Lacan se refiere a "cherchez la femme¨, encuentren a la mujer. Puede referirse por supuesto a que la mujer no existe, pero acá se refiere al saber proverbial de que si quieren saber algo sobre un hombre busquen a su mujer: el "pesa-persona" que es una mujer para un hombre, es decir, que ahí hay el poder hacer el peso de su persona, la posibilidad de que haya un hombre que haya podido dar con la elección de una mujer que seguramente no va a ser solo por el fantasma, pero no va a ser sin el fantasma: poder hacer de una mujer síntoma. En cambio, cuando se trata de la mujer -esto me parece muy apropiado y es uno de los problemas que me parece que hay en relación a lo que es la flojedad de la relación de una mujer al fantasma como diferencia de lo que es la fijeza como aparato de deseo y de goce del lado de un hombre-, para la mujer no es lo mismo porque la mujer tiene una gran libertad con respecto al semblante, ella llegará a dar peso incluso a un hombre que no tiene ninguno. Yo creo que esto se prueba realmente (risas), en lo que es la capacidad de invento de una mujer en su versión erotomaníaca: que el otro le habla, que el otro la ama, que el otro le ofreció casamiento, que el otro quiere comprometerse. Bueno, en fin, efectivamente la ilusión amorosa es muy necesaria para ella para poder -se supone, por ahí soy un poco antigua- llegar a la escena sexual, porque efectivamente algún invento tiene que hacer. Es bueno recordar que efectivamente sería deseable que ese invento tenga alguna pata en los hechos y en la realidad de vez en cuando, para decirlo así. Bien, entonces, Lacan dice: ¨el instrumento falo no es un instrumento como los demás, no debe confundirse nunca con el pene, el pene se determina por la ley, es decir, por el deseo, es decir por el plus de gozar, es decir, por la causa del deseo, es decir, por el fantasma. Y allí el saber supuesto de la mujer que sabría encontrar una falta, un faltante. Como resultado una mujer no tiene testimonio de su inserción en la ley, de lo que suple a la relación mas que por el deseo del hombre. El deseo del hombre está ligado a su causa que es el plus de gozar, proviene del campo del que parte todo, todo efecto de lenguaje, del deseo del Otro¨. Después voy a volver sobre esto. Y dice: ¨en esta oportunidad la mujer es el Otro con mayúscula, solo que ella es el Otro en un plano completamente distinto, en un registro completamente distinto que su saber, sea cual fuere, el instrumento fálico planteado como causa del lenguaje, no dije origen, no hay esperanza de lenguajear el instrumento fálico¨. Lo que me interesa destacar de eso -en un plano diferente al de la dialéctica del ser y el tener, de la ley del deseo para la mujer-, es que ahí Lacan lo sitúa en relación a que no pasa por la dimensión del saber para ella. Y esto es una de las preguntas que recorren qué se yo cuántos años de pase, porque son más de veinte, treinta , porque De mujeres y semblantes de Miller, es de los 90, y el artículo de Eric Laurent que se llama La garantía del fantasma, los dos dicen exactamente lo mismo respecto de lo que el pase permite verificar: una incidencia de la mutación de goce por efecto del análisis, en el fantasma, es decir, en la producción de saber para el hombre respecto de su encuentro con el horror a la castración. Que haya caído algo de su horror al saber, que haya podido justamente desfijarse respecto de ese objeto que tiene el valor en el fantasma de hacer de tapón de la castración y pueda justamente adquirir algo que le permita una flexibilización mayor de sus condiciones de deseo y de goce y un saber sobre eso. Del lado de las mujeres en relación a lo que se espera del atravesamiento del fantasma, se verifica una -si se quiere- disposición libidinal mayor en relación a haber podido salir de cierto efecto de sometimiento, de mortificación, respecto de alguna función del fantasma para ella, algo en la dimensión de la libertad del deseo y de la contingencia, pero no con un saldo de saber sobre sí, que se agregue por eso: en la mayoría de los casos lo que se producía cuando los pases funcionaban en relación al franqueamiento del fantasma y se esperaba un final de análisis por esa vía, era que ella seguía de algún modo teniendo un enigma sobre sí misma.

Me parece que eso hay que ponerlo en relación con lo que Lacan dirá más adelante: que hay algo que ella siente pero que nada sabe o puede decir al respecto. Los hombres, como agentes de la función fálica hablan de las mujeres, dicen cosas sobre las mujeres, a las mujeres incluso las difaman, hacen todo eso que es posible de decir sobre el goce de ellos en relación a las mujeres por la vía de la palabra precisamente, y eso es el goce fálico. Las mujeres, y entonces entro mínimamente en algo de Aún, justamente, participan plenamente de la función fálica pero, no-toda ahí.Las consecuencias del no-toda fálica para ella que Lacan elabora en Aún como la distribución de las posiciones sexuadas del lado izquierdo y del lado derecho que no coincide con hombres y mujeres. Hay una elección a hacer respecto de lo que es justamente la función del lado de la excepción y del todo, y la posición respecto de hacer lugar a ese no-todo fálico y lo que viene al lugar de lo que viene a ser un goce suplementario mas allá del falo, de eso justamente es de lo que no da cuenta el fantasma. El fantasma va del lado izquierdo de las fórmulas al derecho, la flecha del sujeto del lado izquierdo al objeto a del lado derecho en la parte de abajo de las fórmulas. Y lo que también me parece importante agregar como fundamental de Aún es, que si bien Lacan ya por supuesto decía que la mujer no existe, antes de Aún no había quedado ubicado, creo, realmente como un significante que falta en lo simbólico, que hay una forclusión en ese lugar. Al estar el significante que represente a una mujer forcluído ya no se trata de ella referido a él y él a ella, ya se trata de un punto de un sexo respecto de sí. Pero lo voy a decir mejor: la forclusión de un significante que represente a La mujer produce como consecuencia la posibilidad de lo que viene a suplir ese agujero en lo simbólico, el significante idóneo, no como otro sexo refiriéndolo al hombre sino como sexo uno sin otro, falta en el inconsciente, es una falta del orden de lo forclusivo con consecuencias por supuesto clínicas enormes respecto de las posiciones femeninas para arreglárselas con el modo de subjetivar de algún modo la inexistencia para cada una de un significante que la represente, y qué versiones se va a dar cada una, una por una, respecto de la feminidad para ella y de las valencias fálicas del deseo de las que es deseable que siempre esté en relación.

Por qué decía la cuestión de la mascarada: esto se junta un poco con algo de lo que traía Jorge. En Televisión, página 566 de los ¨Otros Escritos¨, cuando Lacan se ocupa de la fórmula de la inexistencia de la excepción, o sea de la fórmula de arriba a la derecha, dice, "de ahí que una mujer, puesto que de mas que de una no se puede hablar, una mujer solo encuentra a el hombre en la psicosis". Luego se ocupa del significante del Otro barrado, de la que ella tiene una incidencia directa, y eso es lo que marca justamente la función de la posibilidad del extravío en ella, pero a su vez, también la lucidez de que no hay Otro del Otro. Porque a veces solamente se suele destacar que ese es el punto de locura, pero no locas del todo. Ahí es donde hay esta capacidad de versiones de invención y de saber, que no hay última palabra respecto del goce, en eso ella está favorecida, a condición, claro, de que pueda tener un trabajo sobre como hacer lugar a la función del límite, porque, que no esté el límite fálico para ella como lo está en el hombre no quiere decir que no lo haya. A eso viene por supuesto toda la cuestión de la hipótesis de la compacidad con los conjuntos, ahí en relación a la función de lo finito, que algo no pueda saberse no quiere decir que no pueda localizarse, etc., etc. Y cuando se ocupa acá de las no-locas del todo, dice: ¨es incluso por eso por lo que no son todas, es decir no-locas del todo, no para nada locas, acomodaticias más bien hasta tal punto de que no hay límites a las concesiones que cada una pueda hacer para un hombre, de su cuerpo, de su alma, de sus bienes". Después viene la fórmula del fantasma y aquí Lacan dice: ¨ella se presta más bien a la perversión que considero que es la de el hombre. Lo que la conduce a la mascarada conocida y que no es la mentira que unos ingratos apegados a el hombre le imputan, más bien es el por si acaso del prepararse para que el fantasma del hombre en ella encuentre su hora de verdad. No es excesivo puesto que la verdad es mujer ya por no ser toda, no toda a decirse en todo caso.¨ Esto es lo que me parece que es interesante destacar de algo que también es una categoría muy antigua inventada por Joan Riviere y que Lacan justamente recupera con su replanteo y transformación como antecedente del semblante. Y, ¿por qué decía que quería de algún modo destacar la función de la mascarada? Cuando falla la posibilidad de algo de la función de la mascarada estamos más cerca de que ahí haya algo que tiene que ver con un lugar mas de ¨toda¨, no poder hacer con ese límite, lo que reúne la función de la mascarada con la verdad no toda. Después Lacan va a hablar como el acto sexual no alcanza para poder decir de qué sexo es cada uno, el acto sexual no identifica sexualmente a una mujer, si bien lo exige con aires de sexo...Y Lacan concluye que en el amor no es el sentido el que cuenta sino el signo. Hace falta el signo de amor, las palabras de amor, etc., pero la función de la mascarada como un modo de saber hacer con el límite me parece que vale la pena rescatarlo.

La dirección de las Jornadas decía que uno tenía que venir a decir lo que uno no sabe, nada de esto se puede decir que uno lo sabe: la verdad, que el psicoanálisis es muy difícil. Hay que seguir por la pregunta de qué es lo que da cuerpo al goce. Entonces, da cuerpo al goce el falo. Eric Laurent, J-A Miller, van a situar otra cosa que también da cuerpo al goce, que no es el falo, que es la laminilla. El mito de la laminilla a partir del Seminario 11 y su articulación con LOM en El reverso de la biopolítica por parte de Eric y en el Seminario La angustia lacaniana de J-A Miller, hay una articulación muy interesante de ruptura de la dialéctica del ser y del tener, justamente porque un verdadero deseo de hombre angustia al sujeto femenino. El cuerpo de la lamelle, en sustitución del falo, que está en juego en la castración. El modo de desprenderse de la laminilla como goce a perder es lo que permitiría ahí un paso más. Y ahí sigue entonces la cuestión de la lógica nodal con RSI que absorbe toda esta cuestión de la temática que estoy diciendo para llegar al parletre mas allá de hombre o mujer.

Desgrabación: Celina Camps
Establecimiento: Patricio Álvarez y Paula Szabo
Texto revisado por el autor
XXVI Jornadas Anuales de la EOL

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