16 y 17 de septiembre de 2017
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Fantasmas, ficciones, mutaciones

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Escansiones del fantasma | XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Lecturas | Textos de Orientación

Escansiones del fantasma

por Patricio Alvarez Bayón

Queremos agradecer, junto a Gaby Camaly, la invitación del Directorio de la Sección La Plata, porque nos alegró mucho la posibilidad de estar acá charlando con ustedes.

La idea en esta Noche es ir ubicando, a lo largo de los tres trabajos, de qué modo se va construyendo un concepto en psicoanálisis, el concepto de fantasma, y luego, cómo se articula este concepto con los otros términos elegidos para estas Jornadas que son Ficciones y mutaciones. Al final, voy a situar solamente dos escenas de un testimonio muy conocido por ustedes, para ubicar un punto de mutación a nivel del fantasma.

El concepto del fantasma se va construyendo en capas. La construcción en capas, citada por Miller en varios textos, es importante a nivel epistemológico: implica que un concepto se va construyendo en distintos niveles de complejidad, y se opone a otra lectura epistemológica que implica considerar la construcción de los conceptos en épocas: de este modo, lo que en una época, por ejemplo en la segunda enseñanza, se ubica como concepto, desestima o desarma lo que en la primera enseñanza sirvió como tal. Miller insiste mucho en esto: no es que tal concepto sirve durante una época y luego no sirve más, sino que el mismo concepto va adquiriendo en las distintas épocas distintos niveles de complejidad.

Dado el tiempo que tendremos, me interesa ubicar solamente cuatro escansiones sobre el fantasma -o cuatro capas-, y los elementos que va situando para construir el concepto.

Fijación y compulsión:

La primera escansión es muy temprana, dos años antes de comenzar su Seminario, en el texto Intervención sobre la transferencia, donde Lacan ya ubica la dimensión pulsional del fantasma, pero situada en la dimensión imaginaria: la pulsión -ubicada en esos tiempos en términos de objeto parcial- articulada al semejante, ubicada en un caso de histeria, que le permite a Dora situar su versión inconsciente de qué es un hombre y una mujer para ella. La versión de una mujer, articulada en un semejante como es la Sra. K pero revestida por el fantasma, representa dos dimensiones: el misterio de su propia femineidad, pregunta que sostiene la neurosis, y el "objeto imposible de desprender de un primitivo deseo oral"[1]. Esta versión sólo puede establecerse a partir de un recuerdo encubridor infantil donde Lacan ubica lo que Freud llama el punto de fijación, escena descripta como la "matriz imaginaria en la que han venido a vaciarse todas las situaciones que Dora ha desarrollado en su vida, verdadera ilustración de la teoría, todavía por nacer en Freud, de los automatismos de repetición".

De este modo, si bien en este tiempo muy temprano de su enseñanza, el fantasma es ubicado a nivel de lo imaginario, la "matriz imaginaria", es interesante situar que paradójicamente no se ubica en el nivel de lo especular, sino que lo imaginario tiene allí un carácter distintivo en tanto se articula con la pulsión: se trata del recorte pulsional que establece el fantasma, que selecciona sólo uno de los objetos de la pulsión, y así relee la fijación freudiana: la matriz imaginaria cobra un carácter de fijeza que no tienen las demás formaciones especulares.

Si lo leemos en la perspectiva de la última enseñanza, podemos distinguir aquí el borde imaginario-real del fantasma, que se diferencia de lo imaginario especular.

Así, ya en esta primera versión del fantasma, se ponen en juego tres elementos que siempre estarán en juego en este concepto: el fantasma relee la fijación freudiana, el fantasma es causa de la compulsión a la repetición, y el fantasma recorta uno de los objetos pulsionales a partir de los cuales hace su recorrido.

Frase y guión:

La segunda escansión que puede establecerse es en el Seminario 6, donde luego de haber construido el grafo, Lacan destaca la dimensión simbólica del fantasma: la frase fantasmática y el guión fantasmático. El guión fantasmático implica la posición de los lugares simbólicos donde se ubica el lugar del Otro, el lugar del objeto y el del sujeto. En torno a ese guión se distribuyen los roles simbólicos –como lo demuestra en la dramaturgia de Hamlet, cómo se sitúan los distintos personajes en relación a un guión predeterminado, que teje y escribe el destino del sujeto-.

Por su parte, la frase fantasmática, es descripta por Lacan como una frase que tiene un valor diferente al resto de los significantes, una fijeza con la cual es una de las primeras veces que usa el término goce, la fijeza de la repetición. A su vez, esa frase es ubicada en relación a una gramática que circunscribe la gramática pulsional freudiana, las voces activa, pasiva y media del recorrido de la pulsión.

De este modo, a la luz de la última enseñanza de Lacan, se ubica la dimensión simbólico-real del fantasma. No es el simbólico de la deriva significante, sino el simbólico-real de la fijeza pulsional.

Pero esa fijeza de la frase, en el nivel del guión fantasmático, sitúa al sujeto en una escena imaginaria. Se articulan así la dimensión simbólico-real de la frase con la escena imaginaria, que da un marco a la realidad que vive el sujeto. Es la primera versión de la ficción del fantasma, que luego Lacan retomará como veremos.

De este modo, en la frase fantasmática, por ejemplo Pegan a un niño, se puede ubicar la dimensión de destino de un sujeto, los lugares simbólicos y la escena desde la que ve su realidad. Esta es la dimensión simbólica donde puede establecerse la gramática del fantasma.

La relación sexual existe:

La tercera escansión es a lo largo del Seminario 10 y el Seminario 11, donde el fantasma queda ubicado en el punto de articulación entre deseo y goce. Ya estaba situado así desde el grafo, pero aquí la articulación entre el deseo y el goce se produce según las dos vertientes posibles del objeto causa o del resto, las cuales se sitúan respectivamente en relación al deseo o al goce.

En el Seminario 11 las operaciones lógicas de alienación y separación van a ubicar, además, el momento lógico donde el fantasma se constituye, momento fundamental para la clínica con niños, con la psicosis, con el autismo, etc., dado que el fantasma no está dado desde un tiempo mítico, sino que tiene un tiempo lógico de constitución. Además, las operaciones de alienación y separación darán cuenta de la posibilidad de la salida del análisis, la separación es la operación lógica que no solo constituye el fantasma en el tiempo inicial, sino además, el que permite la salida del análisis, en el punto donde la separación en un análisis no es otra cosa que el atravesamiento del fantasma.

En ese momento, Lacan ubica la diferencia entre el objeto pulsional y el objeto fantasmático. Miller le pregunta por esa diferencia en el Seminario 11 y Lacan responde que la pulsión es acéfala, y que en la satisfacción del objeto pulsional no hay sujeto[2]; mientras que la diferencia con el objeto fantasmático es que en el fantasma, en el marco que establece el fantasma, el sujeto está en la escena, entonces, el sujeto se "apropia" de esa satisfacción, colocándose en relación al objeto bajo el modo de la fórmula del fantasma $ à a. Entonces, en el fantasma no hay sólamente una pulsión que se satisface sin sujeto, de modo autoerótico, sino que el sujeto está en juego a nivel de esa satisfacción. Con lo cual, lo que Lacan sitúa en esta diferencia entre el objeto pulsional y el objeto fantasmático, es que ahí se circunscribe una relación con el goce que permite la localización del sujeto en la escena en la cual éste se articula con un goce que no es solo el goce de su pulsión, sino que el goce ubicado, articulado, en relación al Otro.

Esta diferencia entre el objeto pulsional y el objeto del fantasma, ya estaba prefigurada desde el Seminario 10, en la cual, la satisfacción pulsional que el fantasma provee, sirve para dar una respuesta al deseo enigmático del Otro, el Che vuoi del deseo del Otro.

Pero en el Seminario 11 agrega otro elemento, que es que el goce pulsional propio es, en la ficción fanstasmática, aquel goce que hace gozar al Otro, con lo cual, Lacan sitúa la dimensión de la relación sexual. De este modo, el goce pulsional que provee el fantasma no sólo sirve para dar una respuesta al deseo del Otro, sino que además sirve para el goce del Otro. De este modo, Lacan prefigura lo que luego llamará la relación sexual que no existe. El goce que provee el fantasma, hace existir la relación sexual con el Otro. Esta es la gran ficción del neurótico.

Un axioma de goce:

Esta escansión tercera del Seminario 10 y 11 se complementa, y de algún modo llega a su fin, con la última escansión que se ubica en el fantasma como axioma de goce en los Seminarios 15 y 17: "El fantasma, en lo que toca a la interpretación, tiene la función del axioma, es decir, que se distingue de las leyes, variables, de deducción, que en cada estructura especifican la reducción de los síntomas, por figurar en la estructura de modo constante (…) Devuelto así a su teclado lógico, el fantasma le hará ver mejor el puesto que ocupa para el sujeto. Es el mismo que designa el teclado lógico, y es el puesto de lo real"[3]. Este axioma en su fijeza, se diferencia de lo variable de la estructura y de los síntomas. Allí Lacan toma a Wittgenstein para ilustrarlo, y plantea cómo en su Tractatus, Wittgenstein arma una lógica proposicional, que es significante, pero que tiene la característica de abarcar todas las proposiciones lógicas en relación al mundo, una lógica absoluta, que podría decir todo en la medida en que es significante. Sin embargo, plantea Lacan, de todas esas proposiciones, la única proposición que queda por fuera de toda la lógica significante, es el axioma del fantasma. Esa es la única proposición de la cual se podría decir que es verdadera[4]. Ese axioma, entonces, es un axioma de goce cuyo valor no es el de la ficción que sostiene el lazo con el Otro solamente, sino que además tiene en sí misma un valor de goce. Por lo cual, el fantasma tiene las dos dimensiones, que no pueden abordarse la una sin la otra: no sólo se trata de la ficción fantasmática en relación al sentido y en relación a hacer relación sexual con el Otro, sino que en sí mismo tiene un valor de goce, que eso, justamente, es lo que lo vuelve un axioma y lo saca de las proposiciones significantes.

Entonces, en ese punto el valor de goce que da el fantasma en la dimensión del axioma, es justamente lo que permitiría hacer el pasaje por el cual se revele, se devele la cara ficcional del fantasma, que es el punto donde el goce del sujeto hace relación sexual con el Otro, lo cual está ubicado bien claramente cuando Lacan trabaja Pegan a un niño, el punto donde el niño en el segundo tiempo de Pegan a un niño ubica que su satisfacción se produce a partir de percibir la satisfacción del padre al pegar.

En ese punto, que sucumbe a la represión primaria, es el punto donde el sujeto puede ubicarse como objeto de goce del Otro, porque no sólo goza él de ser pegado, sino que ese goce de ser pegado es lo que sostiene el goce del padre al pegar, el punto donde percibe la satisfacción del padre, o sea, es eso lo que hace relación sexual con el Otro: "Pegan a un niño. Lo que constituye este fantasma es ciertamente una proposición (…) El Tú me pegas es esa mitad del sujeto, es la fórmula que constituye su vínculo con el goce. Sin duda, recibe su propio mensaje en forma invertida –aquí esto significa su propio goce bajo la forma del goce del Otro. De esto se trata cuando resulta que el fantasma vincula la imagen del padre con lo que en un principio es otro niño. Que el padre goce de pegarle es lo que aquí da su acento al sentido, también a esa verdad que está a medias, ya que asimismo el que se identifica con la otra mitad, con el sujeto del niño (…) Es él quien hace de esta frase el soporte de su fantasma, que es el niño a quien pegan. Esto nos lleva, de hecho, a que un cuerpo puede no tener rostro (…) ¿Qué es lo que tiene cuerpo y no existe? Respuesta, el Otro con mayúscula. Si creemos en él, en este Otro, tiene un cuerpo, irreductible, de sustancia"[5].

En esa lógica en la cual el fantasma hace relación sexual con el Otro, da sustancia y existencia al Otro mediante esa ficción, se pone en juego el punto de cierre del concepto del fantasma para dar cuenta de lo real, y ahí, en la dimensión del axioma, están las dos caras por las cuales el fantasma tiene un valor de verdad y un valor de goce. Es decir que por un lado tiene un valor de verdad ficcional, de verdad mentirosa por la cual sostiene la ficción del goce del Otro, y en otro plano, tiene un valor de goce, donde se puede circunscribir el punto de satisfacción pulsional.

En este punto, lo que circunscribe la localización de ese objeto, es la circunscripción de la gramática pulsional que freudianamente ya se ubicaba como la forma activa, media y pasiva de la gramática pulsional, las tres formas de recorrido en relación al objeto que produce la satisfacción. Eso es una modalidad del goce, pero es una modalidad del goce que Lacan demuestra que el análisis tiene que hacer inexistir. Lacan en el Seminario 19 plantea que hay que hacer inexistir la relación sexual; el punto es, la relación sexual - lo repetimos todo el tiempo - no existe, sin embargo, el neurótico tiene, lleva a cuestas permanentemente su modo de relación sexual, y el análisis, justamente, en el punto del atravesamiento hace inexistir esa relación sexual.

Un real y otro real:

Ahora bien: en estas cuatro escansiones que pudimos ubicar, lo que demuestra el atravesamiento del fantasma, es que ese real que puede ubicarse en el fantasma, no es todo lo real. Lo real del fantasma no es equivalente a lo real. Sino que habrá que hacer un paso más, el paso del más allá del fantasma, para circunscribir la dimensión de otro real, el real sin ley.

Hasta aquí llega esta presentación, al punto de ubicar cuál es el real que logra circunscribir el fantasma, y dónde se presenta el límite mismo del fantasma para dar cuenta de lo real. Mis compañeros, Gaby Camaly y Carlos Jurado, ubicarán en sus presentaciones por dónde continúa el más allá del fantasma en las variables de un análisis. Pero antes de concluir, quiero ubicar un testimonio en el cual ese punto de viraje entre el fantasma y su más allá se ubica, el testimonio de Luis Tudanca[6].

Sitúa su entrada en análisis a partir del fantasma de la exclusión y a partir de su enojo, una posición que lo ubica en su vida sintomáticamente en relación a ser excluido por el Otro, y su enojo ante esta exclusión. En el análisis puede circunscribir dos recuerdos infantiles: en el primero, el niño tiene un amigo con el que juega habitualmente, se presenta en la casa de ese amigo sin avisar, el otro niño dice no poder recibirlo, se retira enojado. El segundo es un enojo con los padres, decide irse de su casa, prepara un atado de ropa que carga en un plumero, sale a la calle sin que los padres intervengan directamente, aunque acompañan. Antes de llegar a la esquina, retorna. Estos recuerdos ubican el par enojo-rechazo que acompaña múltiples situaciones de la vida del sujeto, y que solo se pueden ubicar a partir de la precipitación del fantasma. "Dos sueños permiten la construcción del fantasma: en el primero, ´yendo en un auto, choco´, en el segundo, ´en una reunión con unos amigos conversando, siento un fuerte rechazo de mis opiniones´. Se hace evidente, a partir de la conjunción de estos dos sueños la fórmula del fantasma: choco y me rechazan; se debe leer el chocar en la dirección del ir al choque, ya no se trata de ninguna dialéctica, se trata más bien de hacerse rechazar. No solo uno recibe del Otro su propio mensaje en forma invertida, también recibe su propio goce bajo la forma del goce del Otro", es decir, en este punto, el hacer relación sexual. Años de análisis mediante, o sea, años para construir esta fórmula del "choco y me rechazan", y luego, tiempo después, está en una cena con amigos donde está presente el analista, y el analista riéndose le dice "vos tenés un gusto por la pelea". A partir de esta interpretación dice: "Se diluye de tal manera la cuestión que el sujeto empieza a preocuparse de la consecuencia de la misma. Ante cualquier situación que pudiera ser leída como posibilidad de confrontación con el otro, no solo no entraba en la misma, sino que salía corriendo de dicha situación casi como una fuga. El cuerpo registraba bajo la forma de escalofríos y temblores cualquier circunstancia de ese estilo". Daba un ejemplo: se metía en un taxi y el taxista le empezaba a decir que hay que ir por esta calle, "no, mejor ir por Rivadavia", y se angustiaba porque no se podía ni pelear con el tachero para que lo lleve por el otro lado. "La vida de todos los días con sus rutinas continuaba, pero no sin dificultades, el lazo social resultaba cada vez más pesado, costaba salir a la calle, ni hablemos de concurrir a la EOL. Se le cruzó la idea de que era mejor como estaba antes, pero al solo pensar en eso, reaparecían los escalofríos, el cuerpo protestaba".

En ese punto, a esta altura decanta una frase que marcó lo que siguió, "ya no me siento partícipe de la tensión agresiva que genera la relaciòn con el semejante." Así, Tudanca marca un dato posterior a la construcción del fantasma choco y me rechazan, que es lo que él llama la deslibidinización de ese objeto que se pone en juego a nivel de la construcción del fantasma. Es decir, no se trata sólo de la construcción de la frase fantasmática, sino de sus efectos a nivel del modo de circunscribir lo real a través del objeto. El objeto en juego, a nivel de la pelea que hace relación sexual con el Otro, se deslibidiniza, se desinviste como modalidad por la cual se circunscribía su relación a lo real. Allí me parece interesante situar la dimensión de perplejidad luego de la construcción del fantasma, para situar ese punto donde, cuando el sujeto no tiene el guión que le proveyó el fantasma durante toda su vida, queda en un punto de perplejidad en relación al Otro, y queda en un punto de perplejidad en relación a su propio goce. Luego, el pasaje de esto irá hacia un S1, tres S1 en su caso, que pueden situar un más allá del fantasma. Pero me parece importante situar cómo aquello que circunscribe lo real, que no es lo real pero lo circunscribe y lo localiza, en el punto donde se desarticula y cae la relación sexual con el Otro, deja al sujeto en un punto de perplejidad; en un punto de angustia en algunos casos, en un punto de perplejidad en otros.

En conclusión, en la construcción en capas del concepto del fantasma, como fijación, como guión, como lo que hace a la relación sexual, y como axioma, se dibuja el borde de lo que está más allá: la dimensión donde el real circunscripto por el objeto tiene como su más allá a lo real sin ley, del que sólo el sinthome podrá hacer uso en el recorrido de un análisis.

NOTAS

  1. Lacan, J. "Intervención sobre la transferencia", en Escritos 1, Buenos Aires, Ed. Siglo veintiuno, 1971, p. 215.
  2. Lacan, J. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós, 1987, pág. 191-192.
  3. Lacan, J. Reseñas de enseñanza, Buenos Aires, ed. Manantial, 1988, pág. 44.
  4. Lacan, J. El Seminario, libro 17. Buenos Aires, Paidós, 1992, págs. 65 a 69.
  5. Ibid, págs. 69-70.
  6. Tudanca, L., "De la repetición de un destino a la invención de un significante nuevo", en Revista Lacaniana número 11, Buenos Aires, EOL, págs. 123 a 132.
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