16 y 17 de septiembre de 2017
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Fantasmas, ficciones, mutaciones

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Entenderse con el Otro | XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Fantasma y pase

Entenderse con el Otro

por Angélica Marchesini

Angélica Marchesini

Miller[1]señala que con el Sinthome adviene, lo real que ex–siste a la ficción. Creo, que en modo alguno, orientarnos por el Sinthome implicaríadejar de lado la cuestión el fantasma. Construir una ficción, sería una ficción respecto de lo real. Pero la ficción es impotente para resolver el goce opaco, ya no goce del sentido. Ese goce opaco que solo puede ser encarnado, es posible llegar a él, si antes nos hemos ocupado del fantasma.

El fantasma condena al sujeto a construir una función reguladora que pueda articular al sujeto con su objeto inaccesible. La tendencia a depender del Otro, y creer en esa embustera completitud, había venido a recubrir aquello que es lo real. El carácter de cobertura que tiene el fantasma nos muestra que es por su relación a lo real.

Porque, en la esfera del fantasma hay un desconocimiento del sostén del deseo, ¿desconocimiento de qué? El deseo es un desconocimiento del goce, que lo soporta. Justamente, en el develamiento del fantasma, aparece la verdad del deseo, que radica en su relación con el goce[2].

Es así, como Lacan parte de la articulación significante y la investidura libidinal freudiana, en relación al fantasma para llegar al problema de la repetición en el síntoma.

El fantasma es una figura de la relación entre articulación e investidura. En "La proposición del '67" el pase designa el momento de la desinvestidura libidinal. Que es lo que se desinviste? La investidura en las representaciones, ya que los significantes identificatorios son significantes que han capturado al sujeto. El fantasma es el lugar de la investidura, y en el análisis se juega el destino de la desinvestidura.

Los dos elementos de la fórmula del fantasma, alcanzan a dos efectos principales y opuestos, el efecto $ y el efecto a, es decir el lado desinvestido y el lado investido. Miller al tiempo que, señala la relación articulación-investidura que aparece en el fantasma, el $ a., también lo hace, en el sentido gozado, de Lacan en Televisión. El gozado indica la dimensión de la investidura, mientras, la palabra sentido está del lado de la articulación significante.

En mi testimonio ubiqué la investidura libidinal de una significación. El Otro me da la espalda, la presencia de ese Otro en exceso, y desde luego una satisfacción de no encontrarme nunca en mi lugar, era una conjunción vinculada a un desconocimiento.

Como sujeto histérico trataba de verificar que mi lugar me fue sustraído, lograba una obtención de goce, al investir la significación acerca de que mi lugar fue desestimado o sustraído por, ya no me acuerdo quién. De cierta manera, -y allí su relación con la determinación de los síntomas-, la exclusión pudo encarnarse en un síntoma conversivo, en una realización de esta investidura. En aquel entonces, una espalda llena de urticarias.

Espiar con las orejas, unas orejas un poco voyeuristas, estaban conminadas a sólo escuchar. Quedó al descubierto los recursos que inventé como sujeto para arreglármelas con ese objeto a, cuando el goce se presentó como el objeto mirada, y el de la voz. Al mismo tiempo ubico ese sentido gozado, -articulación e investidura- estaba sujeta al fantasma de ofrecerme como oído al goce del Otro.

Sólo el psicoanálisis esclarece esta dimensión de objeto que puede tomar; ser el objeto, ofrecerse a ser, lleva en sí un reconocimiento del lugar que he tomado, ello era un desconocimiento en el inicio. En esa partida jugada lógicamente con mi analista, lo que uno desconoce es la relación con el goce. Cuando encontré el camino del franqueamiento de esa defensa, defensa contra el goce, tuve un sueño. En una imagen onírica aparece mi figura y en lugar de orejas se dejaban ver ombligos. Como si el cordón umbilical que me ligaba al Otro se hubiese cortado y en ese lugar sólo quedaba una oreja cosida. Y así, la inclusión del objeto en el campo del Otro permite entender no solo el apego transferencial, sino la separación del final del análisis. Por mi parte, desoír al Otro, objeto causa de mi silencio, permitió hacerme escuchar, fue la reducción del A al a.

NOTAS

  1. Miller, J.A., El ser y el uno, inédito, clase 14, del 25-5-11.
  2. Miller, Donc, Paidos, p. 376.
XXVI Jornadas Anuales de la EOL

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